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Una joven de La Vega llegó a las oficinas del Banco Interamericano de Desarrollo

El día que Astrid García aplicó para una pasantías en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en Washington DC, dijo “tocar la puerta no es entrar”. Un mes después, recibiría una llamada desde la capital de los Estados Unidos para informarle que había sido seleccionada. En ese momento, le tocó contarle a todo el mundo lo que había pasado y pedir prestado para poder comprar un boleto a DC. “Nunca esperé que realmente fuera a entrar”, confiesa.

Desde las oficinas del BID, la joven veinteañera asegura que no siempre supo qué quiso ser. Sin embargo, mientras crecía, vio cómo gente cercana siguió caminos que ella no quería tomar.

“Tengo una hermana con la que no hablo desde hace mucho tiempo y que es cuatro años mayor que yo. Cuando ella tenía 13, se fue de la casa con su novio. A los 16, quedó embarazada”, cuenta, “ahí vi que eso era precisamente lo que yo no quería ser”.

Crecer en la comunidad de La Vega no fue fácil ni para Astrid ni para su mamá. La primera, veía cómo compañeros del colegio terminaron abandonando los salones de clase y cómo algunos llegaron a formar parte de redes de delincuencia. A la segunda, le tocó proteger a Astrid de un entorno hostil.

“Yo no iba a fiestas de cumpleaños. En ese momento, no entendía la razón; pero ahora lo agradezco. Mi mamá me dio una educación y me alejó del contacto con las drogas”, recuerda.

El acercamiento a jóvenes de un voluntariado de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab)haría que Astrid se planteara una carrera en esa casa de estudios. En el colegio Andy Aparicio, de la red de escuelas de Fe y Alegría, la joven estudió sus últimos años de bachillerato. Ahí también entraría en contacto con un grupo de voluntarios: Embajadores Comunitarios.

De cuarto a sexto año, la joven participó en las clases de vocería, diplomacia y resolución de conflictos impartidas por los estudiantes de la Ucab. Durante su experiencia, pudo conocer a otros jóvenes como ella en competencias y actividades.

Sin embargo, en 2010, su último año en el colegio, vino la oportunidad de debatir en el exterior y Astrid fue seleccionada para participar en el proyecto.

“Viajamos a Nueva York para competir con distintas instituciones de Latinoamérica. Fuimos el único grupo que viajó para representar al país”, cuenta, “fue mi primera vez en un avión, mi primera vez viajando. Era la oportunidad para poner en práctica todo lo que ya habíamos aprendido y que se veía tan lejano”.

Más tarde, entraría como becada a la Ucab tras presentar una serie de pruebas y calificar en el proceso. También, una vez terminado su período como delegada en Embajadores Comunitarios y ya como estudiante de Comunicación Social, entraría a la institución para darles a jóvenes de su comunidad la misma experiencia que ella tuvo.

Con la expansión del proyecto y la creación de nuevas figuras, Astrid fue subiendo peldaños en el voluntariado. Así, hasta llegar a ser coordinadora en su colegio y, luego, coordinadora académica del programa mundial 2014. Para ese año, fue difícil viajar a Nueva York. Sin embargo, lograron asistir a la Conferencia Internacional de las Américas, celebrada enRepública Dominicana.

“Ahí fuimos reconocidos como mejor delegación internacional. Todos los chicos obtuvieron reconocimientos. Fue difícil porque representamos a República Dominicana en el modelo y ahí estuvo el expresidente Leonel Fernández”, cuenta, “cuando terminamos, se nos acercó para decirnos que ningún grupo había representado tan bien a su país anteriormente”.

Tras culminar la carrera y su período en el voluntariado, Astrid empezó a hacer cursos y a asistir a entrevistas. Después de varios intentos fallidos, decidió aplicar a una pasantía en elBanco Interamericano de Desarrollo, luego de recibir un correo que informaba sobre las postulaciones. No le dijo a nadie.

Un mes después, cuando ya había conseguido trabajo en Venevisión, la llamaron para decirle que había sido seleccionada para el programa y que tendría que mudarse a Washington DC entre enero y marzo de este año.

Más de mil personas participaron en el proceso y la joven de La Vega fue la única venezolana seleccionada. Una vez culminado el plazo de pasantías, a Astrid y a otras cuatro personas más les ofrecieron quedarse con una posición en el BID. Ahora, trabaja como consultora.

Aunque tiene poco tiempo afuera, le cuesta estar lejos de su familia y de sus amigos. También de la receta tradicional de las arepas y tener que comer en las franquicias que hay en Washington todos los días. Sin embargo, su contacto con los venezolanos que ha conocido en la capital americana le recuerdan que todo es pasajero y que hay un tiempo para volver.

“He encontrado una red de venezolanos muy preparados, personas de muy alto nivel que podrían fácilmente ser ministros de nuestro país. Todos estamos muy claros de que hay un momento de regresar a Venezuela”, asegura Astrid, “queremos volver al país para revertir todo lo malo”.

Fuente: http://efectococuyo.com/principales/una-joven-de-la-vega-llego-a-las-oficinas-del-banco-interamericano-de-desarrollo