Inicio Actualidad ¿Qué pasó en Tumbes? Una pequeña ciudad de la costa norte alcanzó la tasa más alta de homicidios del Perú

¿Qué pasó en Tumbes? Una pequeña ciudad de la costa norte alcanzó la tasa más alta de homicidios del Perú

En el 2015, Perú tuvo 7,2 homicidios por cada 100,000 habitantes, una de las tasas más bajas de la América Latina. Sin embargo, esta cifra se multiplica en varias ciudades de la costa norte. Entre los años 2011 y 2015, Tumbes pasó de 4,7 a 41,7, la tasa de homicidios más alta del país. Esta ciudad podría ser fácilmente incluida entre las 50 más violentas del mundo. Como era de esperar, la victimización por delincuencia más alta del país también está en la costa norte.

¿Cómo es que Tumbes se volvió la ciudad más peligrosa del Perú? Con 164 mil habitantes, Tumbes está a 40 minutos de la frontera con Ecuador y es un concurrido destino turístico por la belleza de sus playas. Súbitamente, del año 2011 al 2012, el número de homicidios en la ciudad se multiplicó por seis. También cambió el perfil de los asesinatos, que hoy ocurren en espacios públicos como calles y bares (70%) y usan armas de fuego (85%). Además, las víctimas son hombres (90%) de 15 a 44 años (84%).

Ciudades con tasas más altas de homicidios por 100 mil habitantes en el norte del Perú (2011-2014)

Gráfico Tumbes

Fuente: El autor con información del Consejo Nacional de Política Criminal del Perú (2015)

Condiciones estructurales: Crecimiento inequitativo y urbanización sin instituciones

Como explica Robert Muggah, el crecimiento económico no ha reducido las tasas de homicidios de América Latina. Si bien la pobreza en la región ha disminuido gracias al crecimiento, aún convive con profundas inequidades, desempleo juvenil y débil cumplimiento de la ley, creando condiciones para el crimen y la violencia. Esto concuerda con el Índice de Paz Global 2015. Según el informe, los países con mayor urbanización suelen ser más pacíficos, a menos que tengan instituciones débiles, altos niveles de inequidad y tensiones entre grupos sociales, lo que, por el contrario, generaría más violencia.

Estas condiciones coinciden con la realidad de Tumbes. El promedio de crecimiento de la región entre los años 2001 y 2012 fue 6,3%, y el ingreso promedio per capital en la ciudad es US$290 al mes, por encima de la media nacional. En el mismo periodo, el porcentaje de habitantes en zonas urbanas subió de 81% a 95%. No obstante, las zonas prósperas de Tumbes coexisten con bolsones de pobreza. Más de la mitad de familias no tiene el paquete de servicios básicos (agua y saneamiento, electricidad, y teléfono), y sólo 17% de niños de segundo grado de primaria tiene el nivel esperado en matemáticas.

Si bien el nivel de desempleo no es grave, el empleo informal sí lo es, con condiciones laborales precarias y muy pocas oportunidades para los jóvenes. Ocho de cada diez trabajadores no tienen contratos, no reciben beneficios laborales, no tiene seguro y/o trabajan por propinas. Es más, aunque el 35% de la fuerza laboral de la zona está compuesta por jóvenes, 30% de ellos ni estudia ni trabaja.

Por otro lado, las instituciones encargadas de velar seguridad y el cumplimiento de la ley no tienen legitimidad. El 87% de habitantes de las principales ciudades de la costa norte, como Tumbes, afirman que sus conciudadanos no respetan la ley. Alrededor de nueve de cada diez tumbesinos desconfía de la policía y el poder judicial. En cuanto a conductas de riesgo, 30% de personas mayores de 15 años consumió alcohol en exceso en el mes de ser encuestados. Además, el alto número de armas incautadas al norte del país en el 2013 se correlaciona con la actividad delictiva, sobre todo homicidios.

Todas estas cifras expresan el fuerte contraste entre ingresos y calidad de vida en Tumbes. Como describe Juan Carlos Garzón Vergara, el crecimiento económico deviene en aumento del consumo, expansión de la clase media y generación de nuevas empresas locales, lo que representa nuevos mercados para las redes criminales. La amenaza criminal se agudiza en un contexto donde las fracturas sociales son evidentes y las instituciones responsables del cumplimiento de la ley son frágiles.

Detonantes: expansión regional del crimen, tráfico de drogas y corrupción

Hay una expansión del crimen a lo largo del norte del Perú. La primera ciudad en mostrar cifras graves de crimen violento fue Trujillo, donde empresarios y conductores de más de 30.000 unidades de transporte público han sido extorsionados sistemáticamente, generando más de US$5 millones a las redes criminales. Mientras Trujillo llamaba la atención de los medios y la policía intensificaba sus acciones, la plaga criminal se extendió a otras ciudades del norte como Chimbote, Piura, Barranca y, finalmente, Tumbes, sin abandonar Trujillo.

De hecho, la tasa de homicidios se ha reducido en Trujillo y Chimbote en los últimos años, mientras ha aumentado en Tumbes y Barranca, respectivamente. Este fenómeno corresponde con lo que Bruce Bagley llama “efecto cucaracha”: redes criminales que van de una ciudad a otra en busca de lugares más propicios para delinquir y con autoridades más flexibles para sus fines.

En segundo lugar, Tumbes se ha convertido en una vía muy conveniente para transportar drogas a Ecuador. No por casualidad es la ciudad con el segundo precio más alto por kilo de cocaína en el Perú (entre US$1.600 y US$2.000), el que puede duplicarse al cruzar la frontera. Esto, en combinación con otras formas de contrabando, ha atraído nuevas redes criminales. Además, la fiscalía ha detectado un tránsito de asesinos a sueldo a través de la frontera que dificulta las investigaciones y su captura.

En tercer lugar, parece haber una relación entre los altos niveles de corrupción y el incremento del crimen violento. Los años en que se dispararon los homicidios en Tumbes (2011-2015) coinciden con los periodos del gobernador Gerardo Viñas y la alcaldesa Marjorie Jimenez, ambos con acusaciones de corrupción por más de US$25 millones. Viñas fue capturado en Ecuador luego de estar prófugo, mientras Jimenez sigue desaparecida desde el 2014. Esta situación se repite en otras ciudades, como Chimbote, cuyas autoridades están en prisión, así como en otras con gobernantes investigados.

Como resultado de estos factores, nuevas redes criminales y bandas de delincuentes saltaron a la escena en Tumbes desde entre el 2010 y el 2011,con nombres como “Los Walas”, “Los Antón”, “Los Pollos”, y líderes como “El Sordo Vite” y “Cara de Bebé”. Diversificaron sus negocios criminales, incluyendo extorsión, robo agravado, contrabando y tráfico de drogas. Ajustes de cuentas, entre ellos o por extorsión, jugaron un rol importante en disparar los homicidios.  En algunos casos, se aliaron para delinquir, pero los desacuerdos al repartir las ganancias provocaron duras venganzas. Un ejemplo es la rivalidad entre “Los Walas” y “Los Pollos”, con al menos cinco muertos en el 2013.

El futuro de Tumbes: Políticas pacíficas para reducir el crimen violento

Se buscaron alternativas para revertir la situación de Tumbes en varios campos (desarrollo, seguridad y construcción de la paz), mediante el análisis de estudios de casos y evidencia empírica. El enfoque de seguridad ciudadana, muy difundido en América Latina, sería el mejor paraguas para abordar el problema, asegurando participación ciudadana, cohesión social y respeto por los derechos humanos.

Dado el incremento acelerado del crimen violento, se requieren medidas al corto plazo para “recuperar” la ciudad y transmitir confianza entre los ciudadanos, además de otras a largo plazo que aborden las condiciones estructurales. Por tanto, se recomienda subdividir las acciones en cuatro etapas (basadas en un modelo de E. Betancourt).

  1. Planificación: activar los comités distritales y provinciales de seguridad ciudadana; crear un sistema de reporte del crimen, identificación de “zonas calientes” y priorización de indicadores basado en la participación ciudadana; centralizar los servicios de monitoreo, seguridad y protección en un solo edificio; y dialogar con representantes de ciudades que han enfrentado problemas similares.
  2. Estabilización: focalizar el trabajo policial en disminuir robos y extorsiones; aumentar el control sobre el transporte terrestre de drogas y armas (desde Lima y hacia Ecuador); reducir el consumo de alcohol en periodos de riesgo; y rehabilitar física y mentalmente a víctimas y agresores.
  3. Transición: apoyar la capacitación de la policía y los “serenazgos” en mediación y resolución de conflictos; implementar programas para jóvenes en habilidades blandas; abrir las escuelas para actividades deportivas, artísticas y científicas fuera de horario escolar (“Escuelas Abiertas”); y fortalecer los esfuerzos existentes para hacer frente a la violencia doméstica y el machismo.
  4. Consolidación: Enfatizar el desarrollo infantil temprano en escuela y con padres; aumentar los incentivos para el desarrollo económico local con puestos de trabajo dignos; y desarrollar prevención del delito a través del diseño urbano en “zonas calientes” y de riesgo.

Es necesario, además, mejorar los recursos logísticos y humanos para crear evidencia. Los datos oficiales tienen avances muy importantes para consolidar la estadística criminal, pero son insuficientes y, en algunos casos, ambiguos. Por ejemplo, mientras la principal causa de homicidios en Tumbes sería “venganza” (41%), en el registro no es claro si son represalias pasionales, ajustes de cuentas entre bandas u otra razón. Además, desde el 2014 se integró “delincuencia común” y “crimen organizado” en una sola categoría, siendo antes dos diferentes. Tampoco se puede saber si los crímenes fueron efectuados por intermediarios, lo que permitiría determinar cuántos fueron producto del sicariato.

Estas acciones deben estar acompañadas por reformas institucionales en la policía, el poder judicial y las municipalidades, por lo que el liderazgo político es fundamental. El desafío lo comparten las autoridades de Tumbes, electas el año pasado, y el nuevo presidente del Perú, Pedro Pablo Kuczynski.

Fuente: http://blogs.iadb.org/sinmiedos/2016/08/18/que-paso-en-tumbes-una-pequena-ciudad-de-la-costa-norte-alcanzo-la-tasa-mas-alta-de-homicidios-del-peru/